Adiós Josep

Una tarde de septiembre, de esas tan calurosas que bien podrían ser de agosto, yo andaba entregado a la rutina doméstica sin demasiada pasión, gran parte de mi estructura neuronal soñaba con ser escritor, y mis días, hasta entonces, eran bastante monótonos. De pronto sonó el teléfono; al otro lado; una voz calmada y apacible, tras preguntar por mí, dijo: —Soy Josep Forment, de Editorial Alrevés, hemos leído tu novela y estamos interesados en publicarla—. Aquel hombre al que apenas conocía acababa de provocar en mí un gozo incontenible, un paso alargado hacia un sueño. Pero yo no tenía consciencia de que lo mejor de lo que me sobrevendría, a partir de aquel instante, era que mi vida se iba a cruzar con la de Josep Forment. Suelo medir la lucidez de las personas en función del derroche intelectual que hacen durante las conversaciones, Josep lo daba todo en cada charla, por su boca no salían palabras banales,  cuánto decía tenía sentido. Escucharle era un ejercicio para el intelecto. Con él compartí ratos formidables que la memoria me lanza una y otra vez, no soy capaz de pensar en otra cosa. Me entristezco de manera profunda al ponerme en la piel de su gente más allegada, su familia, sus compañeros y amigos, aquellos que tenían la suerte de convivir con él a diario. Para ellos el vació debe ser absoluto. Les envío mis respetos más sentidos. Y Aúno mis lágrimas a las de todos los que le conocieron y para quienes debe ser una jornada tan triste como la mía.
Recuerdo un largo paseo por Gràcia. Un fin de semana magnífico en Gijón. Los cafés en La Virreina, y horas de conversación pausada en la mesa de reuniones de Alrevés. A Josep Forment le gustaba hablar de París, de la India, del arte, de galletas… y de la vida de forma global, como tránsito hacia algo donde todo era prescindible, y únicamente tenían cabida el aprendizaje y la sabiduría. Era una persona activa y vitalista, de quién, dando muestras de su brillantez mental, sorprendía la frialdad y madurez con la que hablaba de la muerte. En él encontré un ser generoso, un amigo con una habilidad envidiable para compartir su conocimiento. Como profesional, ahí está su trabajo y poco puedo añadir a lo que de él dicen sus compañeros. Le vi hará algo más de un mes, ambos estábamos contentos de volver a trabajar juntos. Ayer, una llamada repentina me quitaba la alegría. Aún no he asimilado que no volveré a disfrutar de su presencia.
Una abraçada ben forta, Mestre. Gràcies per tot.

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