FELIZ 2015

Recuerdo una conversación acerca de la felicidad, la libertad, las responsabilidades… y las opciones, al respecto, que el dinero puede ofrecer. A mí se me hizo difícil mantener en pie el estandarte de mi placidez interior teniendo la nevera vacía y la cartilla del paro por sellar. Tras zanjar el tema, durante los susurros que fue arrojando el silencio que vino después, todos tuvieron la sensación de que yo había perdido el debate. Esa noche, al otro lado del planeta, un millonario se quitaba la vida, mientras yo dormía a pierna suelta, —felizmente pobre— como diría Richard Yates.
En 1931, el nazismo editó un libro de carácter ensayístico titulado —Cien autores en contra de Einstein—, y en el que un centenar de personalidades, tan germánicas como católicas, exponían argumentos contrarios a las teorías del científico judío, quién al ser preguntado por dicha publicación respondió: —con uno que tuviera razón sería suficiente—. La política nos ha inculcado que, en democracia, la mayoría domina y lidera, aunque su propuesta no sea justa o ni siquiera acertada. Y que el voto de un espécimen que antes de ir al fútbol se cita con centenares de semejantes a él para enzarzarse en una batalla a riesgo de muerte, vale lo mismo que el mío. No nos engañemos, mientras en el mundo sigan existiendo más tontos que listos, la democracia será una utopía.
La radio va cantando los premios de la lotería, yo no llevo números. No guardo la suerte en un sobre con estampita. No seré millonario, al menos hoy. Así que, de momento, estoy a salvo de acabar suicidándome mañana en mi casa de Las Seychelles. Aún con todo, y como viene siendo habitual en estas fechas, les deseo una feliz cuesta de enero.
El próximo mes de febrero, Alrevés Editorial publicará mi segunda novela. Puedo prometer, y prometo, que no trocaría ese hecho por ningún premio gordo. Del mismo modo que no cambiaría el haber incorporado a mi ramal de amistades al editor Carlos Pujol, por ninguna camarilla prefabricada en la zona cóctel de cualquier club náutico. La vida, en gran medida, se compone de aspiraciones y deseos, tanto vigentes como caducos, pequeñas emociones que se acercan y se alejan. En mi caso la felicidad no responde a cuestiones económicas. El día que eso deje de ser así, si sigo siendo pobre, no cabe duda que antes de arrojarme a los leones del zoo, me estamparé cargado de dinamita, bombonas incluidas y detonador conectado, contra la sede del gobierno de turno.
Feliz 2015.

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