Café amb autor

Café con autor Font de Mimir mayo-16

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Firmas Sant Jordi 2016

Sábado 23 de abril, Barcelona

-13 a 14- La Font de Mimir (C/ Costa i Cuixart, 5)

-16:30 a 17:30- Som Negra (Passeig S. Joan 64)

-18 a 19- Serret Llibres (Rambla Catalunya, 135)

-19:30 a 21- Estand de Alrevés Editorial (Rambla Catalunya con Mallorca)

 

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IV Premio Pata Negra (Finalistas)

finalistas Pata Negra 16

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18 de febrer-19:30hrs.

Casa del Llibre (Passeig de Gràcia, 62. Barcelona)

casa del libro febrero 2016

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Maite Libros 6/2/16

Sábado 6 de febrero, de 13 a 15,30hrs: Fin de fiesta de la 11ª edición de BCNegra, en Maite Libros (Vía Augusta, 64, Barcelona). Firmarán sus ejemplares un buen puñado de novelistas con alma criminal. Buenas personas todos y todas. Allí estaremos.

Maite Libros 6-2-16 bcnegra

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19/12 16,30h. Llibreria Athenea

El próximo sábado 19 de diciembre, de la mano de: Els 4 gats d´en Serret, SomNegra, y Llibreria Athenea, y bajo el lema: Barcelona Conspira, a partir de las 16:30h, nos daremos cita un buen puñado de autores negrocriminales. En coalición y bien organizados asaltaremos a los viandantes del carrer Aragó de Barcelona, a la altura del número 108. Lo haremos sin violencia  y siguiendo las instrucciones de los cerebros intelectuales de dicha conspiración.

Cartel BcnConspira 12-15

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10/11-19:30hrs. En La Imposible (Provença, 232) Barcelona

10 Negritos La imposible BCN 10-11-15

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Mis motivos

Escribo un nuevo post en consecuencia a la polémica suscitada tras la publicación de la entrada anterior a esta, en este mismo blog. (Leer Aquí) Y lo escribo para constatar que los hechos narrados son ciertos, por si cabía dudar de que me lo hubiera inventado. Y, a su vez, para defenderme de algunos mensajes que me llegan por vía privada, y que respondo en este cuaderno porque me da la gana. Y decido hacerlo en un texto en el que creo que quedan claros mis motivos para querer cambiar las cosas.

Tras denunciar, yo, el sistema de financiación de las fiestas en la escuela pública en la que cursan mis hijos (a través de de dicha entrada), colgué el artículo en mis redes sociales, y lo enlacé en el grupo de whatsapp de la escuela del que formo parte. Y a su vez lo remití a la dirección electrónica que el centro muestra en su página web. Las primeras reacciones fueron de indignación respecto a la medida, eran personas que desconocían que eso estaba pasando, y a las que, como a mí, les resultaba injusto e intolerable que se discriminara a aquellos niños que no hubieran aportado la cuota de participación en unas fiestas que (no lo olvidemos) se celebran en horario lectivo, y que dicha cuota lleva el disfraz de colaboración, pero es una cuota (tampoco nos engañemos), ya que quién no cumple con ella pierde privilegios respecto al resto. También hubo reacciones contrarias y que apelaban discursos tradicionalistas, y otros que hablaban de inadaptación, y que parecían desoír el detalle de que estamos hablando de niños de entre tres y doce años, a los que no se puede marginar, aunque sea mentira que sus padres no alcancen a cubrir ese importe; aunque sus progenitores sean asesinos en serie; aunque fueran los vástagos del mismísimo diablo. La escuela pública no los puede hacer responsables a ellos, son niños y han de ser tratados en igualdad, porque sus derechos como menores, y la ética de sus tutores, están por encima de ninguna tradición festiva y de la irresponsabilidad de cualquier padre.

Pero lo que más hubo, ese primer día, fue silencio, gente que no se atrevía a opinar, supongo que algunos por no tener la certeza de que eso fuera así, otros porque no se sentían parte de la discusión ni de la alarma, y hubo quién tan solo calló.

La reacción del centro fue rápida (cosa que valoro), me telefonearon a media mañana del viernes: y me mostraron su voluntad de reunirse conmigo para matizar la postura de la escuela respecto a mi texto, la cual se amparaba en que a algunos alumnos se les habían concedido facilidades de pago, y que sólo se había excluido a aquellos que no habían aportado nada. Pero la verdad es que (bajo mi punto de vista) eso no hace mejor a la escuela, ni justifica lo ocurrido. También se me comunicó que se había tomado la decisión de que, esa tarde durante la celebración de la castañada, se repartirían castañas entre todos los niños hubieran pagado o no. Y que la decisión no tenía nada que ver con mi protesta.

En la mañana de hoy, lunes, he acudido a la llamada de la dirección del centro, y debo decir que se han mostrado dialogantes, y que, en parte (con peros y circunstancias), han asumido lo injusto de la medida, y mostrado voluntad de replantearse la misma al valorar las consecuencias sociales que esta produce. Y me ha parecido entender que, de oficio, iban a proponer el tema a debate del consejo escolar (cabe decir que, según me he enterado hoy, ese mismo consejo aprobó la medida hace unos años). La escuela, a través de la dirección, lamenta que mi artículo y su rumor tiren por el suelo toda la labor de acercamiento social que ellos hacen, y que aseguran que no es poca (cosa que no dudo ni discuto, como no lo hago sobre la calidad profesional del profesorado en temas lectivos, pero incido en que, en este asunto, deja que desear). Desde mi óptica, esa labor de acercamiento, encomiable y difícil, la mancilla el consejo que aprueba el impuesto y la marginación de quién no lo pague. Y la mancillan todos aquellos que secundan y llevan a cabo la exclusión, y acatan, y le dicen al niño —para ti, no—, en lugar de decir —no en mi clase—. Le dicen no al niño, cuando deberían decírselo al centro y al consejo que impone una norma socialmente injusta.

La siguiente reacción, en esa mañana lluviosa, fue la del silencio que desapareció rompiendo paulatinamente la calma, y unos rumores fueron atrayendo a otros, y todos juntos pasaron a ser misivas autoconsoladas; a través de ese grupo de whatsapp empezaron a manifestarse muchos de los que habían callado hasta entonces. La mayoría de ellos, (hay quién se ha sumado a mi reivindicación tras constatar que algunos niños se quedaron sin panellets), una mayoría aplastante decía sentir lástima por los niños, pero asumía (con desdén y cinismo en algunos casos) que toda la culpa era de los padres de esos excluidos, y encontraba normal y justo que ellos paguen la consecuencia; siendo su mayor preocupación que sus propios hijos se pierdan las fiestas ante el temor a que no se acaben celebrando si se atienden los derechos de esos otros niños, los de la minoría segregada por el impago de la cuota. Una cuota de legalidad dudosa en una escuela pública, que debe ser ejemplo para todos. La escuela ha de ser ejemplar, siempre.

Y lo cierto es que, roto ese silencio, ya con muchas de las cartas boca arriba, son mayoría las personas a las que no les parece bien mi protesta, es más: a algunas les parece casi peor de lo que me parece a mí que no se le den panellets a Said.

—Con uno que tuviera razón, bastaría— respondió Einstein.

No se trata de si son más los que creen que nada debe cambiar, o sólo unos pocos los marginados. Con uno basta.

Opino que las preguntas que deben hacerse, tanto los docentes como los padres de los alumnos, son dos:

1 ¿Hubo niños que se quedaron sin panellets?

2 ¿A mí me parece justo?

Y esas preguntas deben ser respuestas a sí o no, sin peros ni circunstancias. ¿Sí o no? Las respuestas deben atender a la moral, la ética y los valores de cada uno, y es nuestra responsabilidad actuar en consecuencia. Y no justificarse en si les parece justo a los padres de esos niños, porque puede que sí, que algunos resulten ser demonios, parásitos sociales, despreocupados, o tacaños. Pero nosotros, y la escuela que queremos y nos representa debe demostrar su pluralidad y preocupación por el conjunto, y asumir unos principios que se presumen básicos. Y no permitirnos culpar a niños de muy pocos años de las faltas individuales de otros, aunque sean sus padres, no se debe caer en la discriminación justificada, porque al hacerlo nos estamos fallando a nosotros mismos, y mancillando todo el trabajo de acercamiento que la escuela hace, y que al parecer no es poco.

Expuesto todo esto. Emito públicamente mi decisión de elevar mi protesta mediante el procedimiento que corresponda, y ante el ente que competa para que se sume a ese debate que, sino he entendido mal, la dirección del centro piensa abrir en el consejo escolar. El resto de mis acciones no se harán públicas ni a través de este blog, ni en ninguna de las plataformas en las que me expreso con asiduidad, y mediante las que, en numerosas ocasiones, he manifestado inquietudes políticas y desafecciones de carácter social, acaecidas lejos o cerca de mi entorno privado, sin que esta haya sido una excepción. Si me reservo de volver a comentar acerca de este tema en esos mismos canales, es porque he visto predisposición por parte de la escuela para solucionar el problema. Pero no dudaré en volver a manifestar públicamente mis desavenencias cuando éstas estén motivadas por un caso de discriminación como el que nos atañe. Estos matices son en respuesta a un mensaje privado en el que se me acusa de defender una causa que no me pertenece. Pienso defender todas las causas en las que un organismo público que me representa, y del que soy parte, atente contra los derechos de cualquier persona, mas si ésta también es parte de ese organismo y no se puede defender porque tiene cinco años.

Esos son mis motivos.

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YO SOY SAID

Le he dado muchas vueltas a si debía o no publicar esta entrada. Y he dudado porque no conozco a la familia de Said. Said no se llama Said.

A Said, al colegio, va a buscarlo su hermano, que es pocos años mayor que él. No sé si tienen más hermanos. No sé si los padres de Said trabajan. Ni siquiera sé si vive con ellos, o si vive solo con ese hermano, del que no estoy seguro que sea su hermano, y quizá sea un primo.

Said es compañero de clase de mi hijo Víctor, en la Escola Pública Mare de Déu de la Roca, de Mont-roig Del Camp (Tarragona). Ninguna institución pública debería tener un nombre con connotaciones religiosas, y mucho menos una escuela. Supongo que La Roca es un símbolo municipal que va más allá de mi laicismo, y los símbolos no significan nada para quiénes no creen en ellos. Para mí es un nombre y ya está. Dicho esto, me parece que los padres de Said (que seguro que los tiene), como yo, no son cristianos.

Creo que a mi hijo Víctor, Said no le cae bien, y creo que a la mayoría de niños de su clase, tampoco. Lo creo por las sensaciones que el conjunto transmite cuando forman fila antes de entrar a clase. Said siempre está solo, nadie le hace fiesta, ni lo incita entre risas a romper el orden de la fila. Said está ahí quieto con los ojos medio entornados y la cara triste esperando a que la cola se ponga en marcha. Desconozco porque Said no le cae bien a sus compañeros. Desconozco porque está triste, y si puedo hacer algo para que deje de estarlo, o para que le caiga bien a mi hijo y al resto de niños. Pero estoy seguro que ninguno de esos niños es capaz de comprender los motivos que hacen a Said diferente, si es que lo es del resto, de algún modo, sin que los adultos influenciemos en ellos.

Said, tiene cinco años.

A principio del mes de octubre, el área de educación infantil de dicha escuela (la de nombre significativo) pasó una circular en la que instaba a los padres de los alumnos a una colaboración de 10 euros por cada niño, para complementar los gastos derivados por las diferentes fiestas y actividades que se organizan y celebran a lo largo del año. Quiero pensar que los responsables del área de educación infantil conocen el significado de la palabra —colaboración—. Y que también entienden lo que es un eufemismo. Transcurridos alrededor de quince días, tras la repartición de la primera circular, los padres recibimos una segunda circular en la que se nos reclaman los 10 euros, y en la que se nos advierte de que: aquellos niños que no hagan entrega del dinero a su respectiva tutora, no podrán participar en las fiestas y actos, ni beneficiarse de lo que en esos actos se regale, se coma o se beba. Y de ese modo, mediante la segunda circular, convierten la colaboración en una exigencia.

¿Y si yo necesito justificar (aunque sea ante mí mismo) todos mis gastos, me hará la tutora un recibo?

¡Ah!, quizás es por eso que hay que utilizar el eufemismo de —colaboración—, porque la tutora no va a andar firmando recibos, ni la escuela va a caer en el engorro de activar todo el mecanismo burocrático necesario para cobrar el dinero con el que se han de pagar las fiestas. Y puede que al hacerlo haya que establecer un baremo que excluya a algunos niños de pagar ningún importe, y que ese baremo los excluya en favor de integrarlos (qué curioso es el lenguaje). Yo no sé si Said tiene siete hermanos más, o sólo ese que va a recogerlo. No sé si a los padres de Said, esos que no sé quienes son, les sobran los 10 euros, pero debo suponer que si no acceden a colaborar con ellos, es porque no pueden.

Y llegó el primero de esos actos, y Said no había hecho entrega de los 10 euros a su tutora. Y todos los niños se fueron a casa y se llevaron su trozo de celofán con sus tres panellets dentro. Todos menos Said, él no pudo llevarse una muestra de lo que había hecho en clase, porque él no había pagado los 10 euros.

¿Y el día de la castañada, Said no tendrá castañas?

¿Y en navidad el tió no le cagará nada?

¿Y el día de Sant Jordi no tendrá libro?

¿Y en cada uno de los actos que se hagan hasta que se acabe el curso él se quedará fuera de la celebración en todos lo que conlleve recibir un objeto o una muestra de esa fiesta?

¿Celebramos festividades que transmitan nuestra cultura y tradiciones en las que damos pie a que un individuo se vea excluido por un motivo económico?

¿Así enseñamos nuestras tradiciones, cobrando entrada? ¿En una escuela pública?

¿Qué recuerdo y concepto tendrá ese niño de esas celebraciones? Porque Said es sólo eso, un niño.

Me imagino a Said en navidad, en esa navidad que a él le resulta compleja y quizá lejana, lo imagino rezagado en su clase, o escondido para quedarse a solas. Lo imagino cogiendo el palo del tió, y atizando el tronco y levantando la manta. Imagino al niño y su cara triste y sus ojos medio cerrados. Y deseo que exista la magia. Y deseo que los responsables del área, de la escuela, y de la educación, recapaciten sobre lo que estamos haciendo. Y que el tió le cague a Said lo mismo que al resto de compañeros. Ni más ni menos.

Las fiestas, en la escuela pública, y en horario lectivo, las tiene que pagar la escuela a través de la administración. Y si no hay para pagar fiestas, pues no se hacen fiestas. Y las que se hagan con lo que haya, han de ser para todos sin exclusiones. Sin eufemismos ni curiosidades del lenguaje. Y sin cobrar entrada.

A mí pagar los diez euros me venía un poco a contramano (la verdad), y más porqué tengo otro hijo cursando en el mismo centro, a parte de Víctor. Me venía a contramano porque la Generalitat sólo me ha becado el cincuenta por ciento de los gastos escolares que mis hijos me suponen. No sé cuanto le han becado a los padres de Said. Pero si no han colaborado entiendo que es porque tampoco a ellos les iba bien, puede que les fuera peor que a mí. Yo he “colaborado” con esos diez euros, que mi segundo hijo ha duplicado. Y lo he hecho por no excluirlos de esos eventos, temiendo establecer una diferencia que ni ellos ni sus compañeros pueden interpretar sin equivocarse. Porque al negarle los panellets a Said, le estamos diciendo —para ti no. Tú eres pobre, y no tienes panellets, ni castañas, ni te cagará nada el tió. A ti no—. Y Said no lo va a entender ni tiene porqué.

Said tiene cinco años.

No sé qué piensan los padres del niño acerca de todo esto, por eso he decidido no usar su nombre y apellidos, pero os aseguro que los tiene, y que existe. Y yo soy él en este texto. Yo soy Said y tengo cinco años. Y empiezo a saber que soy pobre, y además moro, porque los padres de mis compañeros usan el término con desprecio y a viva voz. Yo soy Said y los he oído (pero ese es otro tema). Es muy probable que ya sepa que soy musulmán, o por lo menos que mis padres lo son. Y empiezo a entender que esas fiestas en las que no me dan nada no son propias de mi cultura, y no lo serán nunca aunque yo haya nacido aquí y conviva entre ambos mundos. No lo serán nunca porque me excluyeron. Me excluyeron porque era pobre.

Yo soy Said.

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Frankfurt Book Fair del 14 al 18 de Octubre

Frankfurt bookfair 2015. Sophie Savary Agent LittéraireDel 14 al 18 de Octubre, estaremos en la Feria del Libro de Frankfurt, representados por Sophie Savary Agent Littéraire.

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